En un salón de actos de la Asociación de la Prensa de Madrid colmado hasta los topes, se desarrolló este 12 de septiembre la presentación del libro Dinamita, tuercas y mentiras. El atentado en la cafetería Rolando, de los historiadores Gaizka Fernández Soldevilla y Ana Escauriaza Escudero, resultado de uno de los proyectos de investigación emprendidos por la Fundación Centro Memorial de las Víctimas del Terrorismo, que tan útil y laboriosa labor de recuperación histórica está realizando desde su creación.
En este concurrido acto, en el que nos representó nuestra DirCom Lidia Señarís, se desvelaron las mentiras y manipulaciones tejidas en torno a aquel viernes 13 de septiembre de 1974, en el que una pareja de jóvenes franceses colocó una bomba en el comedor de la cafetería Rolando, justo al lado de la Puerta del Sol y de la entonces Dirección de Seguridad del régimen franquista. Este artefacto de relojería, compuesto por dinamita goma 2E-C y mil tuercas como metralla, asesinó en total a 13 personas e hirió a más de 70.
Justo en el 50 aniversario de este primer atentado indiscriminado de ETA, cuya autoría la banda terrorista no asumió hasta muchos años después, en 2018, el libro recupera la memoria de las víctimas de esa matanza, hasta ahora los grandes olvidados de un hecho perdido entre el transcurrir del tiempo y las mentiras.
Tanto en forma como en contenido, se trata de un texto esencial en el relato veraz del terrorismo en España: no solamente se lee cual novela, con un ritmo narrativo admirable, sino que arroja muchísima (y necesaria) luz sobre el primer atentado indiscriminado de ETA, el de la cafetería Rolando, en la calle Correo de Madrid, el 13 de septiembre de 1974, con un saldo atroz de 13 muertos y 70 heridos, y en torno al cual se ha tejido una tupida red de desinformación durante los últimos 50 años. Tanto, que ETA no lo reivindicaría públicamente hasta 2018.
Aquel viernes 13 de septiembre de 1974, una pareja de jóvenes franceses colocó una bomba en el comedor de la cafetería Rolando, al lado de la Puerta del Sol y de la entonces Dirección de Seguridad del régimen franquista. Este artefacto de relojería, compuesto por dinamita goma 2E-C y mil tuercas como metralla, no asesinó ese día a ningún policía y sí, en cambio, a personas trabajadoras, modestas, como el
cocinero y un camarero del lugar, un jubilado, una administrativa y visitantes humildes de varias partes de España que habían ido a comer a esta cafetería restaurante de precios ajustados y buen ambiente humano en el centro de Madrid.
En estas páginas queda meridianamente claro que ETA eligió conscientemente la violencia, muy en la línea y modo de actuar (léase asesinar) del IRA irlandés. Como más de una vez ha afirmado Fernández Soldevilla, con datos, pruebas documentales e investigaciones en ristre, ETA no fue realmente antifranquista, ni se proponía cambiar la dictadura por un sistema democrático, sino que quería sustituir la dictadura franquista por otra de diferente carácter, proclamar la independencia del País Vasco y anexarse el País Vasco francés y Navarra, fuera cual fuera la opinión de esas poblaciones. Para lograrlo, se instalaron en la lógica fanática y macabra de que mientras más personas sufrieran, mejor.
